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¿iPhone o cámara profesional? Lo que de verdad cambia tus vídeos

Alejandro Luengo 4 min de lectura

¿Qué cámara me compro? Es la pregunta que antes o después se hace todo el mundo. Y de las que más me llegan.

No me extraña. He perdido la cuenta de todas las cámaras que hay: Sony, Canon, Nikon, Blackmagic, Arri, y seguro que me dejo alguna. Cada vez que sale una nueva, aparecen mil reviews que te la recomiendan como si fuera a cambiarte la vida.

Te bombardean con tanta información que acabas sintiendo que la necesitas. Y de ahí sale una creencia muy extendida: cuanto mejor sea la cámara, mejores serán tus vídeos.

Para ponerla a prueba, grabamos la misma secuencia con un iPhone 13 y con una Sony a7 III.

¿iPhone o cámara profesional? Lo que de verdad cambia tus vídeos

Mejor cámara no significa mejores vídeos

La relación entre cámara y resultado no es directamente proporcional. La cámara es una herramienta. Te ayuda, y es importante que cumpla unos requisitos mínimos, pero si no la sabes usar no sirve para nada.

En foto y en vídeo hay factores que pesan mucho más. La iluminación, el sonido, el movimiento y, por encima de todo, la historia.

Una persona que conoce bien una cámara sencilla y tiene experiencia creando vídeos le saca muchísimo más partido que alguien con una cámara carísima que no controla los ajustes manuales. Alguien que no sabe qué fotogramas le van a cada toma ni qué objetivo usar en cada plano de la secuencia.

Hay películas que se han grabado enteras con un teléfono. Enteras.

Así que con este vídeo quería tumbar el mito de que necesitas la última cámara del mercado, con 8K, color a 10 bits en 4:2:2 y toda la parafernalia de especificaciones.

La prueba: una secuencia, dos cámaras

Para la prueba me fui de aventura con Daniel Carboneras, un crack grabando vídeo y muy conocido por sus vídeos de boda. Improvisamos un viaje a las Bardenas Reales para grabar una pequeña secuencia cinematográfica.

El reparto quedó así: Daniel, director y director de fotografía. Yo, actor y modelo, en ese orden.

Queríamos grabar en buena luz a propósito. La idea era ver que, controlando un poco la situación, puedes hacer un trabajo decente sin un equipo carísimo.

Solo el móvil

Había un pequeño problema: para grabar con el móvil no llevábamos nada de equipo. Solo el teléfono.

Así que tocó improvisar. Montamos el iPhone en el adaptador para móvil del gimbal y lo aseguramos con cinta americana y bridas. Funcionó.

De ahí sale un consejo que te doy siempre: lleva cinta americana y bridas a cualquier rodaje. Te salvan la vida más veces de las que imaginas.

Para grabar usamos una aplicación de cámara de pago con un perfil de color algo más plano. El resto era el móvil tal cual, sin accesorios.

La secuencia

Daniel quería empezar con un plano de localización: yo llegaba conduciendo su coche y él entraba con el gimbal por detrás de unos arbolitos. Como era una comparativa, la cámara y el teléfono salían juntos en algunos planos.

A partir de ahí fuimos construyendo la secuencia desde cero, toma a toma, con las dos cámaras.

Lo que nos dijo la prueba

Le pregunté a Daniel qué le había parecido grabar con el móvil. Le sorprendió para bien.

Se sentía más cómodo con la cámara, porque es lo que usa a diario. Y echaba de menos cosas físicas: un anillo de enfoque, un botón para el diafragma.

Mucha gente le pregunta si no le da miedo lo rápido que avanzan los móviles frente al equipo que él tiene. Su respuesta: con buena luz, hoy un teléfono puede plantarle cara a un equipo medio. El problema llega cuando hay poca luz.

Lo que de verdad te frena

Siempre nos ponemos la misma excusa. No tengo una cámara decente, no tengo el mejor equipo.

Para empezar, lo único que necesitas es tu móvil. Con los conocimientos adecuados y una buena cámara, claro que vas a sacar más provecho y contenido de más calidad. Pero lo importante es empezar con lo que tienes a mano y no bloquearte por el equipo.

El potencial de la cámara que ya tienes es mucho mayor de lo que piensas. Lo que suele frenarte son tus propios pensamientos, en una cultura que te empuja todo el rato a comprar la última cámara, el último ordenador, el último producto.

Lo más importante eres tú. La persona que está detrás de la cámara, que cuenta la historia y que convierte una idea en algo real.

Empieza con la que tengas

No hay una respuesta directa a cuál es la mejor cámara. Hoy todas ofrecen calidad suficiente para crear cualquier tipo de vídeo, incluso para dedicarte a ello.

Usa la que tengas. Si puedes tocar los ajustes manuales y cambiar de objetivo, mejor que mejor.

Cuando empieces a dominar tu equipo, vas a entender mucho mejor qué necesitas. Y ese día elegirás mucho mejor tu próxima cámara.

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