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Cómo dedicarse a los vídeos de bodas: lo que aprendí con Daniel Carboneras

Alejandro Luengo 5 min de lectura

Daniel Carboneras es un muy buen amigo y compañero de profesión. Nos conocimos por redes y lleva unos diez años en el vídeo, centrado sobre todo en las bodas.

Le invité a charlar casi dos horas sobre su historia y su forma de trabajar. Yo solo había grabado bodas acompañándole a él, así que tenía muchas preguntas.

Cómo dedicarse a los vídeos de bodas: lo que aprendí con Daniel Carboneras

Del sonido al vídeo

Daniel no empezó en la imagen. Estudió sonido y empezó haciendo prácticas en un estudio de grabación donde también se rodaban videoclips.

El trabajo de sonido se le hacía rutinario: siempre en la misma sala, entre paneles y micrófonos. Pidió que le llevaran a algún videoclip y le enganchó el dinamismo. Cada día un sitio, un proyecto y un cliente distintos.

Se compró su primera cámara con su primer sueldo. Hizo un máster de operador de cámara y un curso de edición, y el resto lo aprendió probando, fallando y entendiendo por qué fallaba.

Empezó con videoclips de rap para artistas que pasaban por el estudio. Luego vinieron eventos, presentaciones y catas de vino. Y después las bodas, porque veía lo que se hacía en España y pensaba que se podía mejorar. Lo tomó como un reto personal.

Lo que aprendió de sonido lo sigue usando. En una entrevista tiene que saber separar pistas y corregirlas.

Videógrafo, filmmaker u hombre orquesta

Hablamos de cómo nos presentamos. Él dice videógrafo, aunque hay trabajos en los que va más como operador y otros más como director.

A los dos nos pasa lo mismo: ninguna palabra se queda del todo bien. Preproducción, grabación, edición, entrega, conseguir clientes, gestionar facturas. Somos un poco hombres orquesta.

Por qué bodas

Daniel también trabaja para marcas y publicidad, pero se queda con las bodas porque le parece un trabajo mucho más agradecido. Creas un recuerdo para toda la vida de una pareja, y ese agradecimiento está desde la primera conversación hasta después de la entrega.

Después de diez años sigue nervioso antes de cada boda. Nervios bonitos, dice, por la responsabilidad de grabar algo que no se puede repetir.

También es claro con la otra cara. Se trabaja los fines de semana, duermes fuera muchas veces y sacrificas cosas. Si entras solo por lo económico, en uno o dos años te quemas.

Cómo trabaja una boda

Su respuesta me sorprendió: 90 % improvisación y 10 % preparación.

Si no conoce la finca, mira fotos. Si puede, se pasa el día antes para ver la luz. Pero el guion lo tiene la pareja, y muchas veces ni ellos saben lo que va a pasar.

Me contó el caso de un fotógrafo que llegó con fotos de referencia de cada ubicación. Ese día la luz era otra y habían podado el árbol que quería usar. Las ideas, para Daniel, salen durante la boda y sobre todo en la edición.

Otras cosas que hace:

  • Va con colores oscuros, para cantar menos si sale en el plano de otro.
  • Tiene listas base en una app de notas para la mochila de rodaje, la preboda y el día de la boda, y las revisa antes de salir.
  • La música la decide en la edición, según la narrativa que ve en el material. Es lo que más le cuesta, incluso con filtros de todo tipo.

Yo lo viví acompañándole. Tienes que controlar todos los tiempos, saber dónde estar en cada momento y acercarte en el anillo sin molestar a la pareja. Muchas horas, en verano, y resolviendo sobre la marcha.

Empieza de segundo

Su consejo para empezar: no vayas solo. Ofrécete como ayudante a alguien que ya grabe bodas.

Y si vas de segundo, sé segundo. Si el principal está en un plano abierto de los novios, tú te vas a un plano cerrado o a la reacción de la madre. Dos personas haciendo el mismo plano no tiene sentido. Deja el ego fuera y respeta lo que decida quien lidera.

Enseña tu trabajo, no tu currículum

Cuando Daniel buscó editor, pidió solo una presentación breve y el enlace a su mejor trabajo. Un currículum en PDF, confiesa, no lo lee.

Si quieres trabajar con alguien, mándale algo concreto que encaje con lo que hace. Para un videógrafo de bodas, una boda editada, no un vídeo que no tiene nada que ver.

El precio como filtro

Aquí no hablamos de cifras sino de cómo lo piensa.

Para Daniel, el precio lo pones tú y también sirve para filtrar el trabajo que quieres hacer. Cuando subió sus tarifas y se puso un tope de fechas al año, le contrataron menos parejas, pero las que llegaban valoraban más el vídeo. No lo veían como un complemento de las fotos: querían que fuera él.

Y si no cierras los trabajos que quieres, revisa tres cosas. Si te estás moviendo mal, si estás siendo caro o si tu trabajo no es lo que el cliente espera.

Cuidar a la pareja

En 2020 tenía unas 25 fechas. No se quedó con la señal de ninguna pareja: buscaron fechas nuevas con todas, porque aplazaban por fuerza mayor.

En una boda en Cantabria ardió parte de la finca durante el cóctel. Él y los fotógrafos dejaron las cámaras y se pusieron a montar mesas en la finca nueva.

Para Daniel, cuidar a los clientes que ya tienes vale más que buscar clientes nuevos cada día. Una pareja contenta te recomienda.

Lo que me llevo

Me quedo con cómo habla de su trabajo después de diez años: sigue con ganas y sigue nervioso antes de cada boda.

Si las bodas te llaman, empieza por acompañar a alguien que ya las grabe. Así lo probé yo con él. Después de esas bodas tuve claro que no es mi nicho, y entendí por qué a él le llena tanto.

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