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Los 5 retos de trabajar como filmmaker freelance y cómo los afronto
Colaboración: Artlist (patrocinador del vídeo).
Los que trabajamos por nuestra cuenta en el audiovisual, o tenemos un negocio pequeño, acabamos chocando con los mismos problemas.
He juntado los cinco que creo que son más comunes. Te cuento cómo intento afrontarlos yo.
No todos los tengo resueltos. En alguno te diré directamente que no tengo una solución exacta, solo mi forma de llevarlo.
1. Crecer cuando todo depende de tus horas
En este sector es complicado escalar. Gran parte del trabajo requiere tu tiempo, y las horas del día son las que son.
Yo veo dos formas de afrontarlo.
La primera es ir subiendo tus precios poco a poco y de manera global a medida que ganas experiencia. Y con ellos, el valor de lo que le das a tus clientes. Si no, llega un momento en que estás ahogado. Esto también es lo que te permite, más adelante, formar un equipo que te ayude a sacar más proyectos.
La segunda es trabajar tu marca personal. Una estrategia de posicionamiento que aumente tu imagen y tu autoridad en el sector, y te ayude a llegar a gente nueva.
Aquí hay un detalle importante: subir precios a un cliente con el que ya trabajas es difícil. Con clientes nuevos que llegan por tu marca puedes tener más margen para negociar desde el principio.
2. Dejar de vender horas
Está muy relacionado con el anterior. Muchas veces calculamos los presupuestos según las horas que nos va a llevar un proyecto. Yo lo sigo haciendo en algunos casos.
La forma de salir de ahí es ampliar lo que sabes hacer. Que tu trabajo no se quede en editar, y que conozcas tan bien el sector al que te dedicas que puedas ofrecer también una estrategia alrededor del vídeo.
Es lo que estoy intentando con mis últimos clientes. Ya no me centro solo en la edición. Les planifico el contenido, les doy los guiones o al menos los puntos clave para que los vídeos tengan impacto, y luego los edito.
Así el cliente percibe el servicio como algo mucho más completo. Y yo dejo de pensar en cuántas horas de edición le doy y empiezo a pensar en qué le aporta mi trabajo.
Piensa que las empresas nos contratan principalmente por dos motivos: porque les ayudamos a ahorrar costes o porque les ayudamos a vender más. Ahí entran todas esas estrategias que van más allá de grabar y editar.
3. Aprender a encajar un no
Este vale para cualquier persona que emprenda. Vas a mandar propuestas y el cliente va a pasar de ti. Vas a intentar sacar adelante un proyecto y no va a salir.
Aquí toca separar el ego y no tomarte las cosas a pecho. Es negocio, y no siempre sale como queremos.
También pasa dentro de los proyectos. Como artistas, a veces peleamos porque creemos que el vídeo queda mejor de otra manera, y el cliente lo necesita distinto.
Yo lo tengo claro: el cliente tiene la última palabra. Puedo asesorarle y darle todas las razones de por qué hago las cosas así. Pero si no lo quiere, me adapto a lo que busca.
No bajes el precio a la primera
Cuando un cliente me dice que no, es que no. Si me dice que es caro, lo siento, el precio es el que es.
Lo que sí puedes hacer es negociar, y en una negociación ceden las dos partes. Si quieres que reduzca el precio, reduzco también los entregables, o pido algo a cambio.
Si bajas el precio de primeras para que te acepten, estás devaluando tu trabajo. Y el cliente se pregunta por qué no pedirte un poco menos la próxima vez.
Por eso hay que tener muy claro el valor de lo que aportamos.
4. El miedo a contratar y delegar
Contratar es una decisión importante en cualquier sector. En uno tan artístico como este, además, cuesta aceptar que los proyectos no van a salir exactamente con tu estilo.
La persona que contrates para editar no tiene por qué tener tu gusto, tus habilidades ni tu forma de entender los proyectos. Cada uno trae su experiencia.
Para mí la clave es la comunicación. Explicarle bien cómo ves y cómo ejecutarías el proyecto, y darle feedback rápido y constructivo.
Da miedo, pero delegar es lo único que te permite crecer más allá de tus propias horas. Y es mucho mejor que las cosas se hagan bien a que no se hagan porque no van a quedar perfectas. Hay que encontrar el punto entre calidad y eficiencia.
5. No poder desconectar nunca
Este es el que más me ha afectado últimamente.
Cuando tu empresa eres tú, no solo haces la parte que te gusta, crear y editar. También llevas la relación con los clientes, la parte administrativa, los impuestos y las cuentas. Eso está ahí todos los días.
Aquí no tengo una solución exacta. Para mí pesa más la libertad de trabajar cuando quiero y desde donde quiero. Pero entiendo que uno de los sacrificios es que, a veces, en vacaciones te toca estar conectado.
Hace unas semanas estuve de viaje por Argentina y me tocó editar proyectos de varios clientes e incluso tener alguna reunión. Lo hacía en los ratos que tenía: antes de una excursión, por la noche, en el autobús, en el avión o en el aeropuerto.
En los negocios pequeños, quien pone en marcha el proyecto hace ese sacrificio. En este caso, tú o yo.
Qué vida quieres
Ninguno de estos retos tiene una respuesta única. Lo que a mí me ayuda es tener claro qué estilo de vida quiero, hacia dónde voy y qué precio estoy dispuesto a pagar para llegar ahí.
Yo te diría que pienses tu respuesta antes de que llegue el primero de estos cinco.
